“Inspección antes de proyecto antes de construcción”. Esta era la
frase favorita de Patrick Geddes, considerado el primer planificador del
entorno de la cultura occidental.
En nuestra cultura olvidamos
con demasiada frecuencia armonizar el edificio con el lugar.
La vivienda es un cobijo que
ha de soportar las condiciones medioambientales sin deteriorarse por lo que
debe diseñarse en armonía con el lugar donde se ubica.
La necesidad de un
microclima no es exclusiva de los seres humanos.
La gran mayoría de los
animales buscan un cobijo en alguna etapa de su vida donde guarecerse. Las
larvas de las mariposas fabrican un capullo dentro del cual existe un
microclima propicio para transformarse en adulto. Los pájaros hacen nidos, los
mamíferos madrigueras. El ser humano construye su casa dentro de la cual las
condiciones climáticas son muy diferentes a las del medio ambiente exterior.
Durante milenios la adaptación de las viviendas a
la climatología exterior ha sido tan variada como culturas han existido. Con
los materiales más simples y convirtiendo los problemas en soluciones los
diferentes pueblos han conseguido viviendas cómodas en cualquier punto del
planeta. Por ejemplo, el iglú es una maravilla tecnológica. Es una semiesfera
de hielo revestida interiormente con pieles para crear una cámara de aire, de
modo que una simple lámpara de grasa de ballena proporciona el suficiente calor
para hacerlo confortable. El frío hielo puede proporcionar el microclima
adecuado.

